sábado, mayo 26, 2007

El festin del amor




"El festín del amor", de CHARLES BAXTER
Es una novela deliciosa por su sensualidad y sensibilidad (es realmente "el festín del amor"), por sus personajes, por la construcción de la historia y por el estilo. Aunque se presenta como un mosaico de historias, es en realidad la historia de amor entre Chloé y Óscar, vertebrada por dos hilos conductores: Bradley, que es quien va dando entrada a los personajes, y el barrio, Ann Arbor, donde de una u otra forma todos confluyen. El narrador no otorga su voz narrativa al relato, sino que se limita a consignar la voz de cada personaje y a tejer la historia.

HAY UN PAR DE INSTANTES literal y genéricamente fantásticos en El festín del amor -similares a aquel de la lluvia de ranas en Magnolia, el filme coral de Paul Thomas Anderson que tiene más de un punto en común con la novela de Charles Baxter- donde se obliga al lector a conciliar a la magia con lo cotidiano con una pericia y elegancia que provocan el más agradecido de los asombros. El primero tiene lugar cerca del principio del libro cuando Kathryn -primera esposa del sufrido Bradley W. Smith- consigue callar a todos los perros de una perrera al descubrir sus nombres secretos y verdaderos. El segundo se alcanza casi al final cuando Chloe -quien acaba de ver a Jesucristo en una fiesta- se descubre a sí misma como encarnación de la diosa Venus y testigo privilegiada de la misma rueda de fuego que Ezequiel alguna vez contempló en los cielos de la Biblia. En uno de sus ensayos, Baxter se refiere a estas intromisiones de lo imposible en lo posible -o viceversa- como esos momentos que todo escritor que se precie de tal debe hacer que parezcan verosímiles al lector y define como 'la inflexión casi insomne del milagro', una sensación como de soñar despierto: 'Nabokov alguna vez dijo que el precio de ser escritor se pagaba con noches sin dormir. Pero Nabokov agregaba, travieso, que si el escritor no tenía noches sin pegar un ojo cómo podía esperar conseguir noches sin sueño en lectores entregados y dispuestos a creerle todo y a no dormirse hasta terminar el libro no importa la hora que sea. Ése es el efecto que busca y consigue El festín del amor, una novela donde el insomnio acaba siendo tanto la bendición del que quiere empezar a escribir y no puede como del que no puede dejar de leer y quiere que el libro siga para siempre

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